Durante mucho tiempo la fotografía de aviones fue, para mí, algo puntual. Una afición que aparecía de vez en cuando, casi por casualidad, cuando se alineaban el lugar, el momento y la oportunidad. Pero 2025 fue distinto. 2025 fue el año en el que el air spotting dejó de ser algo anecdótico para convertirse en una auténtica pasión, casi una obsesión sana, de esas que te hacen mirar constantemente al cielo.
Todo empezó el 7 de enero. Aquel día no tenía absolutamente nada que ver con aviones. Tenía fiesta y tuve que acercarme un momento al centro y salí con la cámara casi de casualidad. Puse rumbo al meandro de Ranillas con la idea de fotografiar aves. Había imaginado escenas tranquilas con luz de invierno y alguna garza colaboradora. La realidad fue bastante menos poética: no conseguí ni una sola foto decente de aves. Ninguna. Cero. Pero mientras revisaba el cielo más por aburrimiento que por esperanza, escuché un sonido muy reconocible. Dos F-18 cruzaron el cielo camino de la Base Aérea de Zaragoza. Me olvidé de los pájaros y entendí que aquello que acababa de pasar iba a marcar el resto del año.
No era la primera vez que fotografiaba aviones. Ya había hecho alguna incursión esporádica en el airspotting, sobre todo militar. Recuerdo especialmente haber fotografiado el A400M tras la salida definitiva de Afganistán en 2021, esos aviones cobraron todavía más significado. También tenía en mi archivo fotos del aeropuerto de Barcelona, con tráfico civil, incluido el mítico Airbus A380 de Emirates, además de algunas tomas más artísticas, nocturnas, jugando con las estelas de luces, largas exposiciones y ese punto casi abstracto que tienen los aeropuertos cuando cae la noche. Pero todo eso eran capítulos sueltos. 2025 iba a ser el libro entero.
Marzo trajo el primer gran evento del año: el ETAP-C 25-01. Empezar así fue una declaración de intenciones. Transporte militar, movimientos constantes, actividad real. Me llevó hasta Ablitas, para un ejercicio que prometía mucho, pero que se quedó algo descafeinado. Las lluvias impidieron los aterrizajes y, aunque hubo movimiento, no fue el festival fotográfico que muchos esperábamos. Aun así, fue parte del aprendizaje: no todo sale como uno quiere, y también eso forma parte de esta disciplina.
A lo largo del año, uno de los protagonistas fue el Ala 12. Sus venidas a la Base Aérea de Zaragoza con motivo de las maniobras en las Bardenas se convirtieron casi en citas obligadas. Patrullas, aterrizajes, rutinas que, aunque puedan parecer repetitivas desde fuera, nunca lo son cuando miras a través del visor. Cada pasada es distinta, cada luz cambia, cada encuadre tiene algo nuevo.
Uno de los momentos más especiales llegó gracias a Objetivo Zgz, el grupo de fotografía de Zaragoza, con una visita a la Base Aérea que difícilmente olvidaré. Poder acceder a instalaciones como las del Ala 31 y el Ala 15 ya es un privilegio, pero subirse a un A400M, ver su interior, y asomarse a la cabina de un F-18 es algo que te reconcilia con el niño que todos llevamos dentro. Y si a eso le sumas poder fotografiar el despegue de tres F-18 prácticamente a pie de pista, la experiencia roza lo irreal.
Durante el verano llegaron los display training de los F-18, entrenamientos para exhibiciones que son un espectáculo en sí mismos. Aquí hay que hacer una mención especial al F-18 C15-43, con las derivas pintadas por el 40 aniversario del Ala 15. Verlo en vuelo, con esa decoración tan simbólica, fue uno de los grandes regalos del año. Y sí, reconozco mi “arte” particular: unas 1500 fotos por tanda. Aterrizajes durante los ejercicios, patrullas rutinarias, pasadas bajas… mucho material y muchas horas después frente al ordenador, seleccionando, descartando y volviendo a aprender.
Septiembre fue un mes intenso. Volví (más bien, volvimos porque fuimos un grupo) al Ala 31 con la idea de fotografiar el eclipse lunar del 7 de septiembre. El eclipse fue casi lo de menos ya que estaba la noche nublada. Las fotos al atardecer, con la luz cayendo sobre la base y los aviones recortándose en el horizonte, valieron cada minuto. Ese mismo mes llegó el ETAP-C 25-03, y esta vez sí. Pude contemplar e inmortalizar al A400M y al C295 españoles aterrizando y despegando, además del C295 checo, el polaco y el C130 danés. Un auténtico desfile aéreo que justificó todo el esfuerzo previo.
En octubre llegaron los Harriers de la 9ª Escuadrilla de la Armada, aterrizando y permaneciendo en la plataforma de Zaragoza durante las maniobras en el campo de tiro de las Bardenas. Tuvimos la suerte de poder acceder a la base y hacer fotos en la misma plataforma y charlar con el personal de la Armada, muy majos y simpáticos. Aquí la historia dio un giro inesperado y muy especial: una de mis fotos y un reel de IG fueron publicados en la cuenta oficial de la Armada. Algo que no se busca, pero que cuando ocurre te confirma que vas por buen camino.
Además, noviembre dejó uno de esos días marcados en rojo en el calendario de cualquier spotter. La Base Aérea de Zaragoza fue escala del traslado de los seis primeros F-16 adquiridos por Argentina a Dinamarca, un acontecimiento histórico que tuve la suerte de vivir cámara en mano. Pude fotografiar los seis F-16, algo poco habitual, acompañados por el Boeing 737-78N de la Fuerza Aérea Argentina, que formaba parte del operativo de apoyo. Como si el día no fuera ya lo suficientemente completo, se sumó el aterrizaje de un Airbus A330 MRTT del Ejército del Aire y del Espacio, que hizo escala en Zaragoza antes de partir rumbo al norte de Europa. Una jornada intensa, con mucho movimiento y aviones muy distintos compartiendo plataforma, que volvió a recordarme por qué este tipo de fotografía engancha tanto: porque cada visita puede convertirse, sin previo aviso, en un momento único e irrepetible. La pena que no tenía mucho tiempo y no pude hacer el despegue de los F-16 tal y como otros compañeros si que lograron hacer.
El broche final del año fue la I Jornada de Fotografía Aeronáutica, organizada por el Ala 31, el Ejército del Aire y del Espacio y Sony España. Conferencias, intercambio de experiencias, un taller de light painting y, como no podía ser de otra manera, un atardecer espectacular en la plataforma rodeado de varios A400M. Una forma perfecta de cerrar un año que lo cambió todo.
2025 no fue solo un año de fotos. Fue el año en el que entendí que mirar al cielo puede convertirse en una forma de vida. Y que, a veces, basta con salir a buscar pájaros y no encontrar ninguno para descubrir lo que de verdad te apasiona.
PD. desde aquí quiero agradecer al Ejercito del Aire y del Espacio, a todo el personal de la Base Aérea de Zaragoza, Oficom del Ala 31 (Enrique!!!!!) y el resto de personal que forman el Ala, al personal del Ala 15, a todo el personal de la 9ª Escuadrilla de la Armada, a mis compis de Friki Spotters de Objetivo Zgz, a las nuevas amistades del montículo de spotters junto a la 30R, a todo ZAZ.SQN, a Victor Duran y Pablo Munilla (mis panas de fatigas) y sobre todo a José Luis… por «culpa tuya» 😉 he tenido el año que he tenido… y que siga

























He compartido la mayoria de los eventos a los que jaces referencia. No podria haber hecho un resumen tan detallado y con la pasion que se desprende de lo que has preparado.
Enhorabuena.
Compartir , horas. si horas, en el monticulo de la 30R, me ha servido para aprender de tu gran experiencia fotografica y de las aplicaciones de navegacion aerea que tan bien conoces y tambien pasar el rato entre avion y avion me ha servido para conocer a una buena persona.
Gracias por haberme comprado los protectores de oidos pasa la visita a los Harriers, gracias por tu amistad.
Espero seguir aprendiendo contigo y con Victor Duran, vaya pareja de prifesionales que sois,que le agradezco tambien desde aqui su comprension con mis innumerables dudas fotograficas.
Muchísimas gracias por tu comentario… casi se me saltan las lagrimas. Ciertamente, pensándolo han sido horas las que hemos pasado juntos y la verdad que yo también aprendo cosas de ti (que yo no soy tan experto jajaja, «profesional» si, pero experto no tanto 😀 )
Espero seguir compartiendo contigo horas en los montículos o en Ablitas